
Hace algunos días, tuve la oportunidad de conocer un caso de unos deportistas (futbolistas específicamente) que en medio del transcurso normal de un juego, la emprendieron a golpes e insultos contra un compañero del otro equipo. Sin duda las imágenes dan mucho que pensar, pero vale la pena llamar la atención sobre lo que significa ser un deportista profesional, sobre sus alcances y lo que se espera de alguien que aspire a ser un referente en su actividad.
Hoy en día y por razones que aún no están bien claras, existen muchos supuestos deportistas que en realidad no son ni profesionales ni ejemplares, son una distinción de lo que debería ser una persona de la cual se esperan altos valores, comportamientos y capacidades tanto físicas como intelectuales.
Sobre esto, cabe señalar que en el mundo de hoy, uno de los temas que más impacto parece crear en el diario vivir de los habitantes del país, tiene que ver con la forma en que la sociedad, de algunos años para acá, se está transformando en algo un tanto alejado del ideal que a muchos nos enseñaron en nuestros años de escuela… ese ideal de país, “mi patria querida…” ha venido gestando un proceso de degradación social respecto a muchos aspectos de la vida cotidiana, especialmente aquellos que tienen que ver con el comportamiento y la forma de relacionarnos unos con otros.
En este sentido, el deporte no escapa a dicha realidad… por el contrario podría tanto ser el reflejo de lo que hemos perdido o por el contrario un ejemplo de lo que debemos rescatar para quienes estamos en la responsabilidad de enderezar el rumbo para las actuales y futuras generaciones.
Actualmente, vivimos en un entorno donde cada día vemos ejemplos de antivalores y comportamientos alejados de la convivencia social pacífica, del respeto, la humildad, la conciliación y muchos otros que en otra época predominaron en los distintos campos de la vida social de nuestro país.
Es aquí precisamente, donde el deporte tiene un rol especial como espacio colectivo en el que se modelan comportamientos, se entrega lo mejor de cada quien en busca de objetivos muchas veces intangible, pero siempre bajo altos principios que involucran el respeto, la honestidad y la búsqueda de la superación personal. Claro está, que esto no resulta en algo fortuito o casual, por el contrario tiene mucho que ver con la formación y los valores imperantes en quien lo practica, en el sistema que lo rodea y en la firmeza en que se hagan cumplir las normas por parte de los encargados de velar con la buena marcha y apego a las reglas básicas del deporte.
Ser un profesional no resulta en aspectos como ganar grandes sumas de dinero, tener presencia ocasional en algún medio de comunicación o ser relativamente popular en círculos sociales asociados a la farándula… todos esos y otros más son distorsiones de lo que un verdadero profesional del deporte puede ser, son construcciones sociales a partir de las cuales se crea un modelo de deportista que al final no está por sus valores, por la ética, por la superación, sino que crea un mundo en el cual lo importante resulta en popularidad mediática, búsqueda de altos salarios (muchas veces acompañados de pocos estudios académicos), actividades sociales, acceso a bienes de consumo y otros…
Practicar una actividad deportiva en esas circunstancias, salvo que se trate de verdaderos íconos deportivos mundiales, carece de todo sentido y sobre todo de responsabilidad, porque es precisamente este aspecto uno de los ejes fundamentales que un profesional debe mantener como base de su actuación, sea en el desempeño de su actividad física o en su vida cotidiana, la responsabilidad.
Ahora bien, responsabilidad no significa pagar las cuentas mensuales (teléfonos, agua, luz…) eso podría ser una mínima parte; es mantener una conducta coherente, ejemplar, ser un modelo para quienes le siguen, alguien que por sus condiciones represente los aspectos positivos de la sociedad, de los ideales que debemos seguir. Un profesional del deporte no solo debe tener las condiciones físicas necesarias, debe tener inteligencia emocional, prudencia, humildad…
En este contexto, también llama la atención cómo aún quedan algunos periodistas que sólo insisten en que hay que ir a los estadios, pero faltando a su responsabilidad de generadores de opinión, no valoran el por qué las personas en nuestra sociedad no llegan a esos centros donde parece haber una distancia grande entre los valores e ideales de muchos con relación a lo que se ve y sucede en los mismo.
En este marco, muchos de los deportes que han tomado fuerza en los últimos años, no solo cuentan con deportistas ejemplares, profesionales y honestos sino que además son un ejemplo de los valores que nuestra sociedad necesita para seguir adelante como forma de construir la sociedad nacional que muchos queremos.
Muchos son los ejemplos que se podrían citar en el deporte, buenos y malos, pero la responsabilidad en última instancia es compartida, los deportistas deben mantener una conducta que promueva una construcción social positiva asociada al deporte, mientras que las organizaciones deportivas y las Federaciones deben apoyar los procesos formativos, correctivos y disciplinarios que unidos un sólido plan de desarrollo deportivo, garanticen que nuestros deportistas y nuestra sociedad sea cada vez mejor.
Lic. Edgar Usaga Arguedas
Presidente FECODEM

































