Junio 2008 EDITORIAL
A través de los años, una característica en común ha acompañado a los montañeros: son seres con una buena dosis de humildad, sin objetivos publicitarios o comportamientos que impliquen la perdida de la esencia que como ser humano los impulsa a guardar sus conquistas tan solo por el sentido que cada nueva hazaña le da a su vida, cada victoria obtenida en la privacidad de las cumbres.
Sin embargo, con los cambios en la tecnología, el auge del turismo asociado a las montañas alrededor del mundo y el uso del poder mediante el dinero, se cambió también el escenario de este tipo de logros, que ahora deben ser revisados con mayor cuidado, tomando en consideración un tema que antes no entraba dentro este panorama de libertad, deporte y estilo de vida tan propios de los montañeros; es necesario ahora preguntarse el ¿Cómo? Desafortunadamente, esto resulta imprescindible para identificar y separar a los simples entusiastas de los montañeros.
Actualmente, resulta fácil con un poco de dinero y desinformación hacia los medios, construir una imagen superficial que a la luz de la ignorancia de muchos en el tema se convierte en noticia de última hora. Aun más fácil resulta llegar a una montaña emblemática (Aconcagua, Kilimanjaro, Everest, por citar algunos) y con el suficiente dinero, tomar toda clase de beneficios que en nada se relacionan con el verdadero merito en la montaña. Así, es común ver un desfile de mulas, arrieros, guías, porteadores y demás que se encargan hasta de llevar la propia mochila del supuesto “héroe”; nada tan falso para un ideal tan noble como el de alcanzar una cumbre.
Cabe entonces preguntarse siempre ¿cómo se consiguen los objetivos en montaña? No basta ahora con decir que se ha intentado o conseguido una cumbre, es preciso enfocarse en la forma en que esto se realiza, reconociendo en todo momento los meritos de aquellos que estuvieron antes que uno y que por su esfuerzo propio lograron alcanzar grandes metas en la montaña. Las montañas no se suben para obtener el reconocimiento de otros, son victorias personales que se guardan solo para aquel que realmente entiende y respeta el verdadero valor de la montaña.